Tras oír un concierto le preguntaron al consagrado músico y compositor Wolfang Amadeus Mozart su opinión sobre el artista. Este dijo: "Vosotros habéis oído a un extraordinario intérprete. Yo he oído el futuro de la música."
Puede que algo tuviera que ver que dicho intérprete sólo tuviera 12 años y que ya llevara 4 años asombrando a toda la sociedad vienesa.
Aquel joven, hijo de un músico fracasado y alcohólico que le sometió a largas sesiones de piano a donde lo ataba para que no pudiera abandonar sus ejercicios, creció en medio de penurias y jamás terminó de adaptarse plenamente al ambiente principesco de la nobleza de Viena que disculpaba sus toscos modales, sus violentos cambios de humor y su terco orgullo en atención a su genio.
Así era, pues, su desgracia. No era feliz y expresaba en la música los turbulentos sentimientos que embargaba su alma. Sus desilusiones sentimentales solían sumirlo en la desesperación y el resentimiento: "En el exterior no hay absolutamente nadie para mi... no hay ninguna felicidad afuera; eres tú el que debe crear todo dentro de ti mismo; sólo en el mundo ideal encontrarás amigos". La sordera crónica que sufrió durante la mitad de su vida ayudó a aislarse aún más del mundo exterior constituyendo otro motivo de desdicha y estimulando su tendencia al retraimiento.
Compuso la primera sinfonía que incluyó la voz humana. La Novena. El "Himno a la alegría", que forma parte de ella, fue elegido como himno de la Comunidad Europea en 1972. Pero dicha sinfonía no es de Ludwig Van Beethoven, pues en el año 2002 la UNESCO declaró a la Novena sinfonía de Beethoven Patrimonio Cultural de toda la Humanidad.
"La música es una manifestación más elevada que toda sabiduría y que toda filosofía. Quien está en condiciones de entender mi música, debe liberarse de todas las miserias en que se arrastran los otros seres humanos."
domingo, 27 de enero de 2008
La Novena
Tema:
Cultura
2
comentarios
domingo, 20 de enero de 2008
Mozart
Puede que el tiempo acrecente la leyenda de los genios, pero no por ello dejan de serlo.
El 27 de enero de 1756 nació Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart.
A los 5 años realizó sus primeras composiciones.
A los 6 años tocó ante el emperador de Austria. Este, que no se creía lo que veía, le hizo tocar con los ojos vendados. Mozart siguió tocando sin inmutarse, dejando al emperador con la boca abierta.
A los 7 años improvisó una sonata con Johann Christian Bach, sentado en su regazo, primero tocaba uno y luego seguía el otro. Los asistentes aseguraron que parecía que tocara una sola persona.
Cuando tenía 31 años, un joven de 16 se presentó para recibir clases. Al oirle tocar Mozart dijo a sus amigos: "Tened cuidado con él, tendrá cosas que deciros". Ese joven era Ludwig van Beethoven.
También a los 31 años se le encargó la ópera La Clemenza di Tito, una ópera de tres horas que tuvo que componer en solo 18 días.
Un amigo de Mozart contaba que un día, jugando al billar, Wolfgang silbaba una melodía sobre la cual iba haciendo variaciones. La sorpresa de sus amigos fue mayúscula cuando asistieron al estreno de La Flauta Mágina y descubrieron que la melodía que silbaba era el tema principal de la famosa ópera. La había estado componiendo mientras jugaba con ellos al billar.
Mozart solicitó su admisión en la Academia Filarmónica de Bolonia con la categoría de compositor. En presencia de experimentados músicos. se le asigna una antífona para que componga a 4 voces y lo encierran en una habitación con llave. En menos de una hora Mozart salió con la Antífona "Quarite primum regnum" K 85, que cumplia las rigurosas reglas escolásticas de la Academia que por tanto lo admitió.
Mozart llegó a Roma durante la Semana Santa. En la Capilla Sixtina del Vaticano oyó el Miserere de Gregorio Allegri, obra polifónica a 9 voces. Este Miserere no podía ser copiado o leido, ni siquiera en parte, fuera de la Capilla Sixtina, donde sólo se interpretaba durante los oficios del Jueves y Viernes Santo. Mozart y su padre asistieron a estos oficios y cuando llegaron a la posada donde estaban ospedados, Mozart transcribió de memoria la obra. Al día siguiente volvió a oirla y corrigió algunos detalles. Cuando la ejecutó ante un representante papal, éste no daba crédito a la concordancia con el original.
Tema:
Cultura
1 comentarios